Acero
El acero es una aleación que consta principalmente de hierro y hasta un 2,1 por ciento de carbono en peso, y el contenido de carbono lo distingue del hierro forjado (menos de 0,08 por ciento de carbono) y del hierro fundido (más de 2,1 por ciento), lo que le confiere mayor resistencia, dureza y ductilidad a través de transformaciones de fase controladas en el sistema hierro-carbono.[1][2] Se pueden agregar otros elementos como manganeso, silicio o cromo en cantidades variables para adaptar propiedades como la resistencia a la corrosión o la tenacidad, lo que permite diversas aplicaciones manteniendo el hierro como matriz base.[3]
La producción de acero evolucionó desde antiguos métodos de crisol, como el acero wootz fundido con carbón vegetal alrededor del siglo III a. C., hasta procesos industriales modernos dominados por el horno de oxígeno básico (que utiliza arrabio y chatarra) y el horno de arco eléctrico (principalmente a partir de chatarra reciclada), que en conjunto representan más del 90 por ciento de la producción mundial. Estos métodos reducen el mineral de hierro mediante coque en altos hornos o funden chatarra eléctricamente, seguido de refinamiento para lograr composiciones precisas, con innovaciones como el proceso Bessemer en 1856 que permitió la producción en masa que impulsó la Revolución Industrial. En 2023, la producción mundial de acero bruto alcanzó aproximadamente 1.892 millones de toneladas métricas, lo que subraya su escala como un proceso que consume mucha energía y depende de abundante mineral de hierro, carbón y electricidad.[6]
