Vidrio Laminado y de Seguridad
El vidrio de seguridad comprende materiales de acristalamiento procesados para minimizar las lesiones humanas por rotura, ya sea rompiéndolos en gránulos pequeños y menos peligrosos (como en el vidrio templado) o reteniendo fragmentos a través de una capa intermedia (como en el vidrio laminado). Estas propiedades surgen de técnicas de fabricación que mejoran la resistencia y controlan los modos de falla en comparación con el vidrio recocido, que se rompe en pedazos afilados y peligrosos.[3] El vidrio cableado, que incorpora una malla metálica, representa una variante más antigua de resistencia al fuego, pero es menos común en aplicaciones de seguridad modernas debido a limitaciones de impacto.
El vidrio laminado de seguridad se originó a partir de un descubrimiento accidental realizado en 1903 por el químico francés Édouard Bénédictus, quien recubrió el vidrio con colodión, lo que permitió la producción de láminas resistentes a roturas para los primeros usos en automoción y aviación.[4] El vidrio templado evolucionó a partir de experimentos del siglo XIX, y François de la Bastie patentó un proceso de enfriamiento en 1874 para inducir la compresión de la superficie para una mayor durabilidad, que luego se perfeccionó para lograr viabilidad comercial en el siglo XX. Estas innovaciones abordaron los riesgos empíricos de fallas de vidrio en vehículos y edificios, priorizando los mecanismos causales de daño sobre las preocupaciones estéticas o de costos.[4]
